4
LOS CAMIONES
La avenida
tiene dos manos separadas por un bulevar. Da la sensación de que una de las
direcciones te salva y la otra te condena. Ni El negro ni yo sabemos cuál hace
cada cosa. Estamos sentados en la vereda mirando los camiones. Esta es la
avenida de los camiones con acoplado que nunca se detienen. Llevan vaya uno a
saber qué cosa de un lado a otro. Como si estuvieran boludeando. Nos da el sol
otoñal en la cabeza y nos creemos felices. Lo miro a El negro y estoy a punto
de decirle en tono de reproche que salga desnudo a la calle, también, si es tan
cocorito. Una palabra que atrasa 50 años. Cocorito. Le paso la botella de
cerveza y El negro toma y me la devuelve. Pucheamos en silencio. Nos fascina
esta avenida que te salva o te condena. Jugamos a adivinar qué transportan los
camiones. El negro dice que el que está pasando ahora, ese cascajo rojo óxido,
lleva pescado. Me causa gracia. Le digo que no, que seguramente lleva metales
pesados y combustión. El negro se ríe. El negro se ríe siempre. Tiene una dentadura
perfecta, como si día tras día se fuera renovando sola. Y entiendo que si todos
tuviéramos esos dientes también le sonreiríamos hasta al comisario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario